Continuando con lo anterior, hoy vamos a ver cuáles son esos cambios de los que hablábamos según las diferentes intensidades a las que sometíamos a nuestro organismo.

Lo primero que debemos tener claro es que estas zonas de entrenamiento no son compartimentos estancos, en los que una pulsación arriba o abajo lo cambia todo, si no que se trata de un proceso continuo en el que se van produciendo adaptaciones para permitir al organismo responder a las intensidades que lo estamos sometiendo.

Dados los múltiples cambios que se dan en los diferentes sistemas de nuestro organismo vamos a diferenciar solo los más claros y relevantes para el día a día en u entrenamiento o competición:

Sistema nervioso:

Es el “capo” el encargado de controlar todos los movimientos conscientes de nuestro cuerpo. De él depende que seamos capaces de reclutar las fibras musculares necesarias, generando contracciones que nos permiten movernos con la fuerza o la velocidad que deseamos.

Sistema músculo-esquelético:

A medida que la intensidad va incrementando el número de fibras y su tipo va cambiando. Partimos desde una moderada cantidad de fibras tipo I, hasta llegar a un alto reclutamiento de fibras, casi en exclusiva de tipo II.

Sistema energético:

A consecuencia del cambio en el tipo de fibras y el número de unidades motoras debido a la intensidad, pasamos de utilizar los eficientes y amplios depósitos de grasas principalmente, hasta llegar a usar casi en exclusiva el glucógeno disponible en musculo, muy potente, pero con unas reservas limitadas, por ello no podemos mantener elevadas intensidades por un tiempo indefinido.

Sistema cardiovascular:

Esto es algo muy evidente que todos percibimos cada vez que entrenamos y es  que nuestro corazón acelera su marcha para poder abastecer de sangre suficiente el incesante incremento de fibras musculares que se contraen a medida que aumentamos la intensidad. Además para facilitar este aporte de sangre lleve nutrientes y oxígeno suficiente a las fibras musculares, nuestro sistema circulatorio tienda a dilatar arteria y venas, facilitando el paso de un mayor volumen de sangre.

Sistema respiratorio:

Al igual que el punto anterior esto es algo que estoy seguro que habrás notado cuando entrenas o compites y es que a medida que le pides a tu cuerpo mayor intensidad, tu respiración pasa de una suave ventilación a un intenso jadeo, como consecuencia de las necesidades de oxígeno en musculo aumentadas.

Como dijimos al principio, todos estos cambios son progresivos y no se dan de forma espontánea en el organismo, por lo que las zonas de entrenamiento son una forma muy útil de saber con relativa exactitud que estamos ocasionando en nuestro organismo al entrenar a determinadas intensidades y que futuras adaptaciones van a tener estos cambios en nuestro organismo.

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